La Bienal de Venecia, luego de 3 años de ausencia, sorprende al mundo del arte con temáticas relacionadas con el cuidado al medio ambiente, perspectivas de género y la relación del ser humano con la tecnología. Se podrá visitar hasta el 27 de noviembre.
La curadora de esta edición es Cecilia Alemani quien se desempeña como directora y curadora en Jefe de High Line Art en Nueva York y en 2017 curó el Pabellón de Italia en la Bienal de Venecia. Ella eligió para la 59va edición el título The Milk of Dreams, un libro infantil creado a partir de una libreta en la que la artista británica Leonora Carrington escribía e ilustraba cuentos para que leyeran sus niños antes de dormir, relatos fantásticos en el que predominan las mutaciones.
Quienes visiten la Bienal podrán apreciar la obra de 213 artistas de 58 países de los cuales un 80% son mujeres. La curadora organizó la exhibición principal en las naves de Giardini y los Arselanes con artistas de todo el mundo en diálogo con “cápsulas del tiempo”. Se trata de 5 pequeñas muestras históricas que rescatan muchas artistas mujeres o personas de género no binario que estuvieron cerca de las vanguardias, pero fueron poco tenidas en cuenta por la historia del arte, algunos ejemplos son Leonor Fini, Mary Wigman, Josefine Backer, Remedios Varo y Alice Rahom. El objetivo es tejer otras historias posibles.
La selección de Alemani está atravesada por distintos ejes, la relación del ser humano con la máquina, los cyborg, la inteligencia artificial, temas que durante la vanguardia de comienzo de siglo XX ya era de interés para artistas dadaístas, surrealistas y futuristas. También el medio ambiente, las minorías y la negritud. Cinco países participan en Venecia este año por primera vez: Camerún, Namibia, Omán, Uganda y Nepal.
Las pinturas figurativas, los textiles, las esculturas y las cerámicas tienen un gran protagonismo en esta Bienal. Algunas obras que impactan son una gran instalación gráfica y de video de Bárbara Krueger, los grabados teatrales de la artista cubana Belkis Ayón, el busto de grandes dimensiones de la afroamericana Simone Leigh, las piezas monumentales en arcilla en las que el argentino Gabriel Chaile representa a su familia, el bosque arcano de la nigeriana Precious Okoyomon, los trajes fantasmas (instalaciones escultóricas) de la congoleña Sandra Mujiga, entre otras.
El León de Oro a la Trayectoria de la 59va edición fue otorgado a la artista, poeta y activista chilena Cecilia Vicuña, considerada una de las voces más auténticas y potentes de la escena artística latinoamericana. Vicuña tuvo una importante participación en Documenta de Kassel en el 2017 con sus instalaciones textiles Quipu. En el pabellón Giardini de Venecia, se exhiben una serie de obras que realizó desde la década del 60 hasta la fecha. También una instalación que fue producida especialmente para esta Bienal con sogas y desechos hallados en Venecia y que lleva a la reflexión sobre el hundimiento de la ciudad a causa del cambio climático.
Otras ganadoras también fueron la estadounidense Simone Leigh por la mejor participante en la muestra principal, la británica Sonia Boyce por su exposición en el pabellón del Reino Unido. Las dos artistas fueron las primeras personas de origen africano en recibir este premio.
Las esculturas de Leigh unen formas derivadas de la arquitectura y del cuerpo de la mujer utilizando materiales y procesos asociados a las tradiciones artísticas de África y a la diáspora africana. La artista también protagoniza el envío estadounidense de la Bienal. Una de las obras que más llama la atención es la que se encuentra a la entrada del pabellón, una escultura de bronce que representa a una lavandera. Leigh tomó como referencia para realizar el trabajo una fotografía de finales del siglo XIX sacada por el fotógrafo Charles Graves en Jamaica. Imágenes que contribuyeron a formar una visión estereotipada de la mujer afroamericana y la intención de Leigh es cuestionar esta mirada.
Para ésta ocasión, Leigh transformó la arquitectura del pabellón de Estados Unidos de estilo neoclásico con la instalación de un techo de paja en la fachada del edificio que se asemeja al de un palacio africano de la década del 30. Las esculturas e instalaciones realizadas en este espacio se van a completar con un encuentro de investigadoras, artistas y escritoras negras que se llevará a cabo en octubre del 2022. El fin es rendir un homenaje a la larga historia de solidaridad y cuidado de las mujeres afrodescendientes.
Por su parte, la artista británica Sonia Boyce presenta una videoinstalación en la que cinco cantantes negros: Poppy Ajudha, Jacqui Dankworth, Sofia Jernberg, Tanita Tikaram son invitados a improvisar e interactuar guiados por el compositor Errollyn Wallen. Voces que suben y bajan, gritan y tiemblan, acompañan a los visitantes a lo largo de los cinco espacios del pabellón británico. Las imágenes audiovisuales se completan con motivos geométricos y tomas fotográficas con detalles del estudio de grabación: soportes y cables de micrófono, mesas de mezcladoras y deflectores de sonido.
Algunos de los Pabellones más sobresalientes de la Bienal son:
El Pabellón italiano ofrece una experiencia inmersiva en una historia posindustrial de este país: el auge y la caída de este sueño. En la exhibición el visitante descubre, entre otras escenas, una maquinaria industrial polvorienta y abandonada con un teléfono negro en desuso todavía colgado en la pared. Hay una atmósfera de decadencia, de progreso congelado. Este trabajo fue realizado por el artista Gian Maria Tosatti y curado por Eugenio Viola quien comenta que “los músculos de esas máquinas siguen firmes, aún les gustaría trabajar”. Estas imágenes reflejan la frustración de una clase obrera que ha llegado a su fin.
En el Pabellón de Bélgica se presenta una serie de películas que resultaron de la búsqueda de Francis Alÿs. El artista viajó por el mundo durante 20 años filmando niños en el momento del juego, el esparcimiento y la diversión en Afganistán, Bélgica, Canadá, Hong Kong, México y Suiza, entre otros países. Las imágenes audiovisuales registran a chicos y chicas participando en varios juegos inocentes pero que conducen al espectador a reflexionar acerca de los grandes problemas del mundo: el cambio climático, la guerra y la desigualdad.
El Pabellón de Dinamarca: El artista Uffe Isolotto construyó una especie de granja que contiene tres esculturas hiperrealistas de centauros relacionados con la muerte (un suicidio) y la vida (el parto). El espacio parece adornado con detalles asociados con la vida agrícola danesa, además del suave olor a corral, en ese ambiente familiar resultan desconcertantes las herramientas agrícolas alienígenas y especies de plantas desconocidas ¿Se tratará de un futuro poshumano?
El Pabellón de Letonia brinda una variedad de cerámicos del dúo de artistas Skuja Braden que han creado una instalación de más de 300 obras de pequeño formato con una profusión de vasijas pintadas cuidadosamente apiladas sobre mesas, colgando de las paredes y apoyadas sobre el piso. Todas las piezas presentan gran nivel de detalle.
Luego de haber sido suspendida por la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del Covid 19, los visitantes recorren las naves de la Bienal con mucho entusiasmo y expectativa. Las temáticas abordadas están a tono con las preocupaciones de este tiempo: La emergencia climática, correr el eje del hombre blanco occidental, una nueva relación del ser humano con nuestro entorno y otras especies, valorar otros saberes que exceden a la ciencia y desafíos que nos plantea el futuro. Una edición que se caracteriza por la inclusión de nuevas voces y puntos de partida para nuevos tiempos que se avecinan.
Redacción: Mariana Gioiosa.
