EL INSTANTE SAGRADO

El mercado de arte parece ser un lugar donde la verdad es sólo una forma
de presentar los hechos, tan subjetiva como lo somos los seres humanos.
Así lo muestra este cuento de, Nasreddin - legendario personaje de la sabiduría
oriental que con sus historias representaba a la mente condicionada-
que cuenta que un Sultán, cansado de las mentiras del simpático personaje ,
se dispuso a atraparlo infraganti, para ello, dictó una ley en la que decía cualquiera
que mintiera cuando entraba o salía de la ciudad , seria ahorcado.
Al anochecer, Nasreddin llegó, como todos los días, a las puertas de la ciudad
montado en su burro . Los guardias, con aire de triunfo y esperando escuchar
una mentira como respuesta, le preguntaron :
- Nasreddin , a donde vas ?
-“A ser ahorcado… “contestó Nasreddin
Los guardias, desconcertados, se miraron entre sí.
-“Si me cuelgan convertirían esto en verdad- siguió- con lo cual, si me ahorcaran
cometerían una gran injusticia y la gente lo sabría, y el Sultán quedaría ante el pueblo
como un hombre impiadoso “…
Los guardias, confundidos por la ocurrencia, sin saber qué hacer y temerosos de
la posible ira del Sultán, dejaron ir a Nasreddin..
De igual forma, con el desembarco de los llamados “depredadores” del mercado
de arte, la valorización de las obras parecía ser una fantasía convertida
rápidamente en realidad , como pasó ,por ejemplo, en la década del ’80 cómo si
obras y artistas tuvieran la oscilación de precios que tenían otros activos del
mercado financiero, es decir que subían con la misma potencia que luego se
derrumbaban, o volvían en el mejor de los casos a sus precios históricos.
En lo que a la distancia conocemos como el “efecto yuppie” que deprimió el mercado
hasta 1997, año en que los inversores empezaron, de a poco, a recuperar la confianza.
Pese a que en estos tiempos y seguramente en los que vendrán, esa realidad se
sigue replicando en algunos casos, lo que da la solidez a los precios de las obras
es el que se basa en otra realidad que la dictada por el marketing o la pura
especulación, es más bien, la realidad de la trayectoria donde el artista es
reconocido por coleccionistas de cualquier nivel , críticos y curadores,
creando una base de confianza que construye su precio.
Está claro que el inversor que gusta del arte, no sabe de especulaciones
ni de acciones de marketing, sólo busca la contemplación de la obra de arte que
alimentará su alma y estimulará su conexión con algo superior ,aunque
su mente racional no sepa definirlo.
Las escuelas más antiguas de desarrollo humano, coinciden en que un ser
humano puede estar dos semanas sin comer , dos días sin beber agua ,
dos minutos sin respirar, pero solo un segundo sin recibir un impacto.
Por ende, es el impacto, sin lugar a dudas, el alimento más importante que
recibimos y que ofrece una oportunidad más poderosa que la rentabilidad
inmediata, por grande que ésta sea: la posibilidad de una conexión, que se da
cuando contemplamos la obra de arte como un mensaje cifrado de algo superior.
Fernando Esperón
