DE ALTAMIRA A WALL STREET

Publicado: 25/07/2014 00:00

De Altmira a Wall Street

Entendida a la distancia más como rito mágico y religioso, la pintura rupestre nos hace pensar, si usamos la imaginación, que los artistas que dibujaban mejor
las escenas de caza, atraían con mas fuerza el favor de los espíritus, y por consiguiente, una caza mas abundante.

¿Eran entonces los cazadores más hábiles y por tanto más poderosos los que daban a los artistas rupestres el alimento y pieles a cambio de que pinten sin tener que asumir la dura lucha por la subsistencia,?

Ese y no otro podría ser el origen del mecenazgo como idea, y la intensidad de la demanda y la diferencia en la calidad de la carne y las pieles ofrecidas según el talento del artista podría ser, ni más ni menos, el del mercado del arte.

Aunque los datos de la realidad ubiquen primero en el Renacimiento y al del segundo en la Baja Edad Media, cuando las transacciones comerciales con las obras de arte llegaron a convertirse en un hecho muy lucrativo, sobre todo para tablastapices, pequeñas esculturas, que fueron los
soportes más exitosos junto a  la pintura al óleo sobre lienzo y el grabado, fácil de trasladar incluso a grandes distancias.

Pero el aumento del prestigio social del artista no llegó sino hasta el Renacimiento Italiano, cuando los más afamados de entre ellos fueron tratados por el poder al mismo nivel que los poetas o filósofos, y designados cortesanos, codeándose con príncipes y papas.

Los “pintores de las cortes” llegaron a gozar de la confianza de los reyes, que les encomendaban actividades diplomáticas además de -lógicamente- convertirlos en sus agentes de compra de objetos de arte durante estos viajes, o recibiendo títulos nobiliarios como Van EyckRubensVelázquez y otros.

El resto lo hizo el crecimiento del sistema bancario empezando por el mayor banquero Florentino, Juan Bicci de Médici, el primer “mecenas” o  patrocinador financiero de arte de la familia, que ayudó a Masaccio y ordenó la reconstrucción de la Basílica de San Lorenzo de Florencia, seguido por Cosme de Medici, que patrocinó a notables artistas como Donatello y Fra Angelico.

Pero la principal “adquisición” de los Medici a través de la historia fue Miguel Ángel, un arquitecto, escultor y pintor de los más grandes de la época en las tres disciplinas quien produjo una serie de obras para distintos miembros de la familia, comenzando con Lorenzo el Magnífico.

El mercado iba creciendo conforme pasaron los años y los siglos, de la mano de otros banqueros europeos primero, como los Rotschild en Europa, y ya en el siglo veinte en Estados Unidos, donde los mecenas se transformaron además de financistas, en promotores de determinados estilos y tendencias, como los Morgan, Gughenheim, Withney, Rockefeller y otros, que llevaron a precios siderales para entonces a la llamada “Escuela Abstracta de Nueva York“ en los 60.

Pero fue en los 80´s, cuando el mercado de capitales se adueñó de la franja de precios más alta con los Cohen, Geffen, Gagossian y otros pocos a la cabeza.

Para Georgina Adam de “The Art Newspaper” suplemento del diario británico Financial Times “No deja de ser un pequeño grupo de megamillonarios que persiguen a un pequeño grupo de artistas".

 

Fernando Esperon