A nivel mundial, la inversión en arte se solidificó en 2014
Aunque bien podría decirse que hay una curiosa reiteración de actores
en el escenario de las mega operaciones, también es cierto que si de
compradores se trata, se van incorporando nuevos, y provenientes de
diversos rincones del planeta.
En cuanto a los artistas, los nombres de los que baten los récords se
repiten pero también van ingresando paulatinamente algunos nuevos,
que habitan hasta ese momento en las franjas más modestas.
Todo esto sucede en un momento donde el Euro cae con respecto al
Dólar, el petróleo está en uno de sus niveles históricos más bajos y el
arte se transforma en un refugio más que atractivo para inversores de
todo el mundo.
Como sea, los precios de ocho y nueve cifras, que para algunos no eran
más que producto de una burbuja, se mantienen desde hace casi una
década, pero cierto es que las obras de precios millonarios conforman
un mínimo porcentaje del total de las vendidas.
Lo que sí es casi unánimemente aceptado es el margen de rentabilidad,
que hoy supera al 6,5 % anual en dólares, porcentaje de rentabilidad
que dobla cómodamente al de los bonos de Tesoro norteamericano, y
tal vez por eso son enormes las cifras invertidas en arte para fines privados
o públicos por gobiernos de países poderosos.
Para el resto de los mortales, el arte emergente es la apuesta más segura,
ya que, si la inversión se mide en una década, la cotización de las obras
de pintores o escultores que ingresan al circuito suele experimentar subas
muy interesantes, siempre que se invierta en un artista bien promovido,
que vaya logrando reconocimiento en el medio académico o que simplemente
pegue fuerte en el gusto del público.
Actualmente, ya no se trata de si el arte es una inversión segura, ya que
ésto es globalmente reconocido – más bien se trata de que si en este
mundo convulsionado, plagado de incertidumbre, desigualdad y violencia,
el arte se ha convertido en el único refugio del espíritu que además puede
superar en rentabilidad a muchas opciones, incluso algunas
de las más conservadoras.
Fernando Esperon
